Dejamos atrás los paisajes más indómitos del sur para poner rumbo a la costa suroeste y llegar a Galle, una refinada ciudad junto al mar marcada por siglos de historia. Su pasado portugués, holandés y británico ha dejado huella en su arquitectura y en el ambiente de este enclave único, considerado uno de los conjuntos coloniales mejor conservados del continente asiático.
A última hora del día, paseamos por el emblemático Fuerte de Galle, una fortificación levantada en el siglo XVI y ampliada posteriormente por los holandeses. Sus sólidas murallas protegen un entramado de calles empedradas, antiguas iglesias, viviendas con balcones de madera y rincones llenos de encanto que miran al océano. Cada paseo por el fuerte es un viaje a través del tiempo, entre historia y brisa marina.
El atardecer desde los baluartes es uno de los grandes momentos del día: el sol tiñe de tonos dorados el Índico y las viejas murallas, creando una escena inolvidable. Entre pequeñas tiendas, cafés con personalidad y el sonido constante del mar, Galle invita a disfrutar con calma de su atmósfera única. Noche en Galle.








