A nuestra llegada a Canadá, nuestro guía nos recibirá en el aeropuerto para dar comienzo a la aventura. Tras el traslado al hotel, podremos dar un paseo por los alrededores y empezar a descubrir el ambiente local. Las calles de Montreal están llenas de vida, con cafeterías acogedoras, tiendas curiosas y rincones que invitan a ser explorados tranquilamente mientras nos adaptamos al cambio horario y al nuevo entorno.
Montreal destaca por su arquitectura europea y su espíritu norteamericano, una combinación que se nota en cada plaza, cada callejón y cada detalle urbano. Pasear por el Viejo Montreal es como viajar en el tiempo: edificios históricos, adoquines que crujen bajo los pies y fachadas que parecen sacadas de otra época. A la vez, los barrios modernos muestran una ciudad vibrante, cosmopolita y en constante movimiento, con murales coloridos, tiendas de diseño y una vida cultural que atrae a visitantes de todo el mundo.
Tiempo libre para cenar.
No puedes irte sin probar el poutine, el plato típico canadiense que combina patatas fritas, queso y salsa de manera deliciosa. Disfrutar de la gastronomía local es la manera perfecta de cerrar el primer día en Montreal, relajarse después del viaje y empezar a saborear todo lo que esta ciudad única tiene para ofrecer.














