Arrancamos el día en la cúspide de la elegancia suiza, dejándonos envolver por el encanto refinado de Ginebra. Recorremos su casco antiguo, donde las calles empedradas y las fachadas históricas dibujan una de las zonas más bonitas de la ciudad. De ahí seguimos hasta el famoso Jet d’Eau, el chorro de agua que se alza como un símbolo inconfundible a orillas del lago. La visita culmina en la Catedral de San Pedro, un imprescindible tanto por su historia como por las vistas que regala desde lo alto.
Tras este recorrido lleno de iconos, llega la pausa del mediodía con un almuerzo libre para que cada uno disfrute a su ritmo. Podrás elegir entre restaurantes tradicionales, cafés con encanto o locales que sirven algunas de las delicias más típicas de la gastronomía suiza.
Por la tarde, ponemos rumbo a Gruyères, un pueblo medieval que parece sacado de un cuento. Su casco antiguo, encaramado entre montañas, conserva un ambiente mágico que se aprecia en sus murallas, sus calles empedradas y su ritmo pausado.











